PRESENTACIÓN

El pasado 15 de Julio, por primera vez el Parlamento Europeo votó a favor de la investidura de un Presidente de la Comisión propuesto por el Consejo Europeo tomando en cuenta el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo celebradas entre el 22 y el 25 de mayo. Este hecho, que da respuesta a lo que el propio Parlamento ha venido reclamando desde hace décadas, supone, indudablemente, un avance en el proceso de afianzamiento de la legitimidad democrática de las instituciones europeas. Pero el camino que queda aún por recorrer es largo y tortuoso.

En las Orientaciones políticas para la nueva Comisión Europea presentadas por Jean-Claude Juncker ante el Parlamento Europeo, se incluye como uno de los punto fuertes de su “programa” el llamado “cambio democrático”, que pasa por una parlamentarización de las relación entre la Comisión y el Parlamento, por un incremento de la transparencia y por un mayor protagonismo de los parlamentos nacionales. ¿Será suficiente la agenda planteada por Juncker para conseguir el deseado acercamiento de las instituciones europeas a los ciudadanos?

Por otra parte, la importancia del debate sobre la calidad democrática de la UE se ha acrecentado en los últimos años, como consecuencia de la crisis económica que ha afectado de manera especialmente dramática a ciertos países de la Unión. Determinadas medidas, como los recortes del Estado social puestos en práctica por los gobiernos con el fin de lograr el equilibrio presupuestario, han acentuado la desafección de los ciudadanos no sólo hacia los dirigentes nacionales, sino también hacia los poderes de la Unión, a quienes se considera responsables últimos de la adopción de ese tipo de decisiones.

En gran medida, dicho sentimiento de desafección o de insatisfacción puede estar provocado por la escasa participación de los ciudadanos en la vida de la Unión. Un reflejo de esta actitud puede apreciarse en la escasa participación electoral. Desde 1979, la participación en las elecciones al parlamento europeo no ha dejado de bajar en cada nueva convocatoria. Este año ha sido del 42,54 %, ligeramente inferior al 43 % que se registró en 2009. Para muchos ciudadanos, las instituciones europeas siguen siendo entidades lejanas y complejas, dominadas por intereses nacionales y al servicio de los mercados.

El objetivo de este proyecto consiste en analizar las propuestas más recientes que pretenden mejorar la calidad de la democracia en la Unión. El contexto en el que nos encontramos es, además, muy oportuno, pues, tras las elecciones de mayo, Europa afronta una nueva etapa en la que este asunto promete convertirse en una de las cuestiones estrella de la nueva agenda política.

 

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